Julio María Sanguinetti Son seis décadas en la vida política de Uruguay. Vio pasar gobiernos democraticos conservadores y de centroizquierda, vivieron la dictadura que oscurecio al pais entre 1973 y 1985. real.
En un momento de turbulencia en América Latina y en gran parte del mundo, con gobiernos en crisis, una guerra en Europa y una feroz batalla comercial entre China y Estados Unidos, advierto: “La democracia está en serios problemas”.
De visita in Buenos Aires para presentar el libro de conversaciones con su ex adversario político y hoy “colega amistoso” José Mujica, Sanguinetti conversó con Clarín trazó un amplio panorama político, social y cultural de la actualidad. Y, pesa al profundo quiebre y los riesgos que presentó la era digital, afirma que sigue teniendo esperanzas en el futuro. “La historia inevitablemente tiene nuestros optimistas”, sostiene.
El ex presidente Colorado estuvo con Mujica este martes en el Malba para presentar el libro «L’horizonte. Conversaciones sin ruido entre Sanguinetti y Mujica”, de los periodistas Alejandro Ferreiro y Gabriel Pereyra (Debate editorial), el resultado de seis encuentros a lo largo de varios meses en 2022 en la sede de Random House à Montevideo. Allí hablaron de política, d’historia, de religión, d’historia, d’amor, de fútbol y otros temas.
«La consigna que se les planteó desde el inicio fue no sumergirse en el pasado, sino hablar de temas de los que generalmente no hablan, mirando al futuro», explican los autores.
Estas charlas informales entre el hombre que gobernó tras el regreso a la democracia en los períodos 1985-1990 y 1995-2000, y el ex guerrillero tupamaro Mujica, president entre 2010 y 2015, mostraron más coincidencias que diferencias. Sanguinetti dice hoy que la experiencia le dejó «un sabor agradable». En un hotel del barrio Portoño de Recoleta, encontrarás una taza de café amargo, habló del presente y del futuro.
-La crisis de la democracia es una de nuestras grandes preocupaciones…
– Estamos en un tiempo en el cual las tradiciones republicanas están en tensión. Cuando la doctora Kirchner no le entrega a Macri, o cuando Trump no le entrega a Biden o cuando Bolsonaro no le entrega a Lula da Silva la banda presidencial, está dando a sus cosechas un mensaje: que la institucionalidad no es relevante, que ese tránsito que esencia misma de la democracia, no vale nada. Sí no es una escenografía. Porque la democracia también de algún modo es una religión a cultivar, y precisionsa buenos sacerdotes. Y especifica la liturgia. Sus valores simbólicos muy importantes. Estamos en un tiempo en el cual la debilidad de la democracia es muy clara. Y el debilitamiento de los partidos es un hecho muy importante. Hemos visto las grotescas escenas de los asaltos a los Congresos en Estados Unidos y en Brasil. Esto nos está hablando de una democracia en serios problemas y de un continente en cual la política ha pasado a ser más sustancial que nunca.
«La democracia también de algún modo es una religión a cultivar, y precisa buenos sacerdotes. Y precisa liturgia. Son valores simbólicos muy importantes»
-¿Ya que se debe esta crisis?
-Algo parecido ha pasado en Francia, en Italia, en España, que han sido nuestros referentes culturales. Y hasta en Estados Unidos. Estamos en un campo de civilización. De la era industrial y postindustrial a la era digital. Y este pasaje ha traído una serie de transformaciones muy fuertes.
-¿Cuales?
-Por ejemplo la inestabilidad del empleo. Están desapareciendo empleos y apareciendo otros. Esto es un poderoso elemento de desasosiego. En segundo lugar, tenemos una sociedad de consumo que le ha dado más bienestar que nunca en la historia a las clases de medios, pero que nos está descubriendo constantemente de nuevas necesidades y eso à la vez nos impone un agonismo muy importante. Y enterrar el lugar, hay un impacto muy fuerte en las redes. Ya los ciudadanos no se comunican como antes. Ya no hay más cara a cara. Todo es Whatsapp, o Facebook o Twitter. Y el mundo de contacto humano se reduce, porque la gente cree que su grupo de Whatsapp es el mundo.
-¿Y esto qué consecuencias trae?
-Son ciudadanos que viven en una ficción. Esto ha llevado a un debilitamiento de los partidos políticos. Una crisis de representación. El ciudadano se representó a sí mismo. La política pasó a ser un factor de incierto. Las elecciones dan entre «outsiders» de la política, tanto en Francia como en América Latina. Un ejemplo en Chile. Allí, tras la dictadura, hemos visto los gobiernos socialistas de Ricardo Lagos o Michelle Bachelet, a los de la Democracia Cristiana, con Patricio Aylwin, con Eduardo Frei, el luego más conservador de Sebastián Piñera. Se mantuvo el ritmo económico que venía. Parecía que era un modelo que funcionaba. Pero in 2019 la gente salió a la calle ya from there no hemos tenido un día de sosiego.
– ¿A qué se refiere?
-Las últimas elecciones dieron entre dos extremos. No estaba ninguno de los partidos que gobernó en paz y libertad. De un lado un joven director estudiantil, más o menos radical, inteligente, y en la otra punta, un personaje de derecha muy poco atractivo (Antonio Kast). Y ahora Gabriel Boric, que era aquel militante estudiantil de izquierda, está reaccionando como debe hacer, debe mandar el ejército a controlar los mapuches, ya la frontera por el conflicto con los inmigrantes, y tras el asesinato del tercer carabinero, tiene que pedir disculpas . Pero muchos de sus votantes deben estar desencantados. Pienso en los que votaron a ese directo estudiantil, de izquierda, que se enfrentaron a todos los poderes fácticos. Y ahora resultó que usted es un presidente realista, que a mi juicio está haciendo lo que tiene que hacer, pero para sus restos debe ser decepcionante.
-En el libro, tanto usted como Mujica hablan del desencanto…
– Este es uno de los grandes temas. Este desencanto es resultado de encantamientos artificiales con los políticos, que responde más à comprar un producto de innovación en la góndola del supermercado qu’a elegir. La ilusión se entiende. Los medios de comunicacion, el desarrollo de las tecnicas de publicidad y marketing han conducido muchas veces a estos productos. La política se contagia del marketing. Los politicos sus burbujas publicitarias, que despues estalan. Fíjese la relevancia casi mágica que le dan los directos y los medios de comunicación a las encuestas. Y las encuestas muestran una falibilidad fantastica.
-¿Hay salida esta crisis de la democracia?
-Pienso que si. In América Latina en otro tiempo no hubiera sido así porque estábamos en Guerra Fría. Y estaba el factor militar y el factor guerrillero estimulado por uno y otro de los bandos. Hoy los militares ya no están en la escena haciendo el arbitraje de la crisis. Aún en momentos de gran tensión las instituciones funcionaron. En Brasil hubo dos juicios políticos a presidentes. Un ex presidente fue preso, y la institucionalidad enorme. Mal o bien las formas se han mantenido. Uno imaginó que todo esto irá dando pasos para que la gente privilegiada esa estabilidad y en tienda que la democracia dependa del voto ciudadano. La elección no es una encuesta, es el mayor acto de gobierno. Se elige un rumbo.
-¿Es optimista respecto del futuro?
-No soy pesimista nunca. La historia inevitablemente hace nuestros optimistas. Ahora somos más, vivimos más años y mejor. No estamos retrocediendo como el homo sapiens. Aunque hemos vivido dos saltos atrás: una peste mundial, que parecía algo de los libros de historia. Y el anacronismo de una guerra nacionalista.
«Hemos vivido dos saltos atrás: una plaga mundial, que parecía algo de los libros de historia. Y el anacronismo de una guerra nacionalista».
-Respecto de la guerra de Ucrania, usted dice en el libro que un acuerdo de paz no será posible, y que la salida sería un armisticio, como en la guerra de Corea.
-Un acuerdo de paz definitivo es muy dificil. Ucrania no va a aceptar la pérdida ni de un metro de su territorio. Y Rusia, que debería legalmente devolver todo, no va a dar ni un paso atrás en Crimea. Entonces, una sal razonable estará en el medio. Estamos ahora en una especie de retroceso en la globalización.
-¿Para que?
– Porque países como Alemania, el país más rico de Europa, se encontró con que, habiendo apostado a la globalidad, no tenía energía propia ni tenía armas. Resurgen tendencias proteccionistas, que esperemos no sean de cerrazón absoluta. Han renacido dos conceptos que parecían perimidos:seguridad nacional, que olía a dictadura de los años 70. Y geopolítica, que olía a siglo XIX. Y tenemos esta guerra europea que es una guerra del siglo XIX, nacionalista, que se libra con las armas del siglo XXI. La Segunda Guerra Mundial, en cambio, fue una guerra ideológica. Y está el otro gran tema, la competencia China-Estados Unidos.
-¿Por qué es importante esta pelea?
-Es muy importante porque de algún modo nos termina envolviendo a todos y debemos tener la sabiduría y la calidad política necesaria para nos ser víctimas de esa guerra fría como lo fuimos de la guerra fría ideológica anterior. China se instala comercialmente en un modo muy fuerte en América Latina. Estados Unidos, si quiere recuperar influencia, corre de atrás, y da la impresión de que tiene muy pocos argumentos de competencia, fuera el de nuestra identidad filosófica y política. Pero China tampoco es la URSS, que representa una corriente de pensamiento instalada en todo el mundo y quería conquistar el mundo. China no pretende trasladarnos su sistema político, ni el idioma. Chine no representa una ideología, representa un imperio comercial muy fuerte. Y el comercio genera fuerza politica. De ahí el temor de Estados Unidos.
-¿Cómo ve hoy a Uruguay?
-El Uruguay luce en la comparacion latinoamericana. Tiene una solidez democrática, ha mostrado un crecimiento económico razonable, ha mejorado los índices de empleo. Ahora el gran defio es la educación. Es el mismo desafío en toda América Latina. La capacidad de innovación y creatividad será central en la vida política y económica. No hay que asustarse con las nuevas herramientas. Hay que adaptarse y saber usarlas. Porque van a estar allí, nos gusta o no nos gusta.





