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Elecciones en Turquía: Erdogan y la oposición turca luchan por el voto con la promesa de escapar de los refugiados sirios | Internacional

Elecciones en Turquía: Erdogan y la oposición turca luchan por el voto con la promesa de escapar de los refugiados sirios |  Internacional


Tras la impresionante estatua ecuestre de Atatürk, en la plaza Balikli del centro de Gaziantep, un enorme cartel desplegado en la fachada de un edificio afirma: «Cuando echemos a 13 millones de refugiados, esta bolsa [de la compra] será más barato”. Este mensaje centre la campaña del Partido de la Victoria (ZP, por sus siglas turcas) para las elecciones cruciales del próximo 14 de mayo y establece un nexo entre dos de las mayores preocupaciones de los votantes turcos: la elevada inflación (ronda el 50 % ) y el futuro de los cuatro millones de refugiados — desde sirios— que acoge Turquía (con una población total de 85 millones). El ZP es una formación ultraderechista que ha saltado a la palestra en los últimos años con mensajes xenófobos y una burda manipulación de los datos de población extranjera en el país. Las encuestas indican que sin representación parlamentaria y sin candidato a las elecciones presidenciales, Sinan Ogan, no alcanzará más de un 2% o 3% de los votos. Sin embargo, sus ideas sí se han instalado en el debate público y todos los partidos políticos turcos compiten por convencer a los electores de que echarán a los sirios de una vez por todas.

“Hay una carrera entre Gobierno y oposición por usar la cuestión siria para conseguir más votos, porque, es cierto, en la calle pregunto que este tema se resuelva. , apesadumbrado, un joven director de una ONG siria que reside en Gaziantep desde 2014. Como la mayoría de los sirios entrevistados para este reportaje, pide no publicar su número por miedo a las consecuencias.la oposición siria: “Contamos las semanas, las horas, los minutos que quedan para que acabe esta campaña electoral”.

Al inicio de la guerra civil en Siria, hace más de una década, Turquía abrió las puertas a quienes escapaban de la persecución, los bombardeos del régimen y los combates. La mayoría de la sociedad turca apoyó esta hospitalidad hacia los «hermanos sirios» que promovía su presidente, Recep Tayyip Erdogan, y que todos pensaban que sería algo provisional: no en vano, el estatus del que gozan los sirios en Turquía no es el de refugiado, sino el de «protección temporal». Pero el hecho de que el presidente sirio, Bashar el Asad, se haya impuesto militarmente —con ayuda de Rusia— ha alejado la perspectiva de cualquier vuelta a casa para millones de simpatizantes de la oposición y los rebeldes, que se han quedado en Turquía y han echado raíces. Sin embargo, entre los turcos, la hospitalidad inicial ha ido dando paso tiene un sentimiento contrario a los refugiados cada vez más prolongado.

«A nuestros hermanos sirios les quiero decir que, como máximo en el plazo de dos años, los enviaremos de vuelta a su país», ha repetido en numerosos mítines el socialdemócrata Kemal Kiliçdaroglu, candidato a la principal plataforma opositora y al que las encuestas muestran como favorito, con entre dos y tres puntos más de apoyo que el actual presidente. Aunque las leyes, pese a todo, impiden la expulsión sin motivo a quienes gozan de protección internacional, la oposición ha visto en la cuestión de los refugiados uno de los puntos débiles del Gobierno de Erdogan y se ha lanzado a explotarlo en todos los límites. Por ejemplo, para solucionar el problema de la vivienda y los elevados precios del alquiler, Kiliçdaroglu anunció que, de llegar al poder, prohibirá a los extranjeros adquirir casas, pese a que apenas suponen el 5% de los compradores. «Da igual que me lamen racista […]cuando enviemos a su país a los refugiados en el plazo de dos años, los precios se estabilizarán”, dijo en un video publicado en las redes sociales la semana pasada.

El Gobierno de Erdogan también dijo en campaña que tratará de buscar un acuerdo con Siria para retornar a los refugiados y ha incrementado las deportaciones a las zonas bajo su control en el norte del país vecino.

Al convertir a los refugiados en el chivo expiatorio y acusarles de ser la causa de los altos precios, de la falta de empleos, de los elevados alquileres o de la inseguridad, parte de la sociedad turca ha dado rienda suelta a los instintos más xenófobos. «El problema es que no se penaliza este discurso de odio, y eso hace que cada vez se utilice más», lamentó el opositor sirio.

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Selami y Yusuf, dos jubilados turcos, beben sus tés con parsimonia en un local del centro de Gaziantep. Se quejan de los precios, de que su pensión no les alcanza y de que depende de las remesas que sus hijos, emigrados a pays de la UE, les envían para llegar a fin de mes. Ambos votarán por partidos a la oposición. “Desde que llegaron los refugiados, este país se ha ido a la mierda. ¡Que vuelvan a su país y luchen por él!”, de Yusuf. Siempre que la conversación se adentra en el tema de los sirios, las evidencias hacen más y más rocambolescas. «Erdogan está entre refugiados sirios y afganos para desatar una guerra civil si pierde las elecciones», sostiene Selami. No es extraño escuchar esta teoría de la conspiración entre quienes apoyan a la oposición turca.

Viviendo con miedo a la deportación

En Gaziantep, con un residente de más de 450.000 sirios (alrededor del 20% de la población de la provincia), nadie ha registrado grandes episodios de violencia, como sí lo ha hecho en otras provincias. Con todo, la comunidad siria vive cada día con aprensión. «Tienen miedo de cometer cualquier error, aunque sea una mínima infracción de tráfico, porque ello puede suponer que te deporten al norte de Siria [bajo control turco y de organizaciones islamistas]», dice el director de la ONG. “Una queja o una denuncia de un vecino turco también puede suponer la deportación, sin pasar por un tribunal ni poder defenderte”, afirma otra activista siria. Esta condición de habitantes de segunda clase convierte a los trabajadores sirios en mano de obra cautiva para la potente industria del textil y el calzado de Gaziantep: . Por eso los empresarios turcos los prefieren, y por eso los trabajadores turcos los odian”, asegura el político opositor sirio, que define la situación como “explosiva”.

Hay otro problema: aunque en algunos sectores como los de la ayuda humanitaria, la educación y algunas profesiones liberales hay colaboración entre turcos y sirios, en general son dos sociedades que viven una de espaldas a la otra. El directivo de la ONG reparte las culpas: «Muchos no hemos aprendido la lengua turca porque pensábamos que El Asad caería y volveríamos a nuestro país», pero también lamenta que el Gobierno turco no haya invertido lo suficiente en integración.

El plan presentado para la oposición al caso electoral de victoria consistía en un acuerdo con El Asad para garantizar un «seguro» regreso de los refugiados. Y también, de acuerdo a una fuente de uno de los partidos de la plataforma opositora, en ir reducir las servicios y ayudas que reciben los acogidos —parte de las cuales están financiadas por la UE— par que se marchen. El Ejecutivo de Erdogan también ha copiado el plan del opositor y desde hace meses busca una reconciliación con el régimen sirio con el mismo objetivo de devolver a los refugiados.

El Abogado Turco Cumali Simsek, quien formó parte de la comisión sobre migración del Colegio de Abogados de Gaziantep, cree que, además de las consideraciones morales y legales —la legislación turca e internacional prohíbe las expulsiones colectivas—, el plan contrario será un desastre para Gaziantep desde el punto de vista socioeconómico: “¿Qué ocurrirá si, de repente, las expulsiones a una quinta parte de la población? ¿Qué pasó en las fábricas y talleres donde trabajan? ¿Qué ocurrirá con los negocios donde hacen la compra? Eso nos terminaría descendiendo a todos”.

La perspectiva de una normalización entre el régimen de Damasco y Turquía —el último país de la región que sigue apoyando a los rebeldes sirios— aterra a los refugiados, pues ninguno quiere regresar a una tierra donde sigue mandando el principal culpable de su huida. “Es algo muy peligroso. ¿Nos deportarán a territorio del régimen si El Asad lo pide? La mayoría no podemos volver a esa dictadura. En mi caso, iría directa a prisión”, denunció la activista. Por eso cree que «no hay futuro» para los suyos en Turquía: «Si gana la oposición, mal. Pero si gana Erdogan, mal aussi, porque las deportaciones han preocupado con él. Pour eso, muchos sirios están pensando en emigrar a la La Unión Europea, aunque sea de manera irregular, pesa a los peligros de la ruta”.

Taha Elgazi, de la Plataforma por los Derechos de los Refugiados y Residentes de Estambul, explica que, junto con otras asociaciones, ha plantado a Naciones Unidas que empiezan a negociar vías de emigración ordenadas a terceros países, porque la situación «pinta muy mal» . Y el problema, añade, es también para Turquía: “Los sirios nos iremos algún día, a nuestro país oa otro. Pero esta mentalidad racista que están promoviendo no se disipará. Hoy van a por los sirios, mañana irán a por las minorías de este país”.

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Por Sofía Carvajal