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«Los líderes europeos deben prepararse para evitar la alternancia en la cúpula del Estado turco»

«Los líderes europeos deben prepararse para evitar la alternancia en la cúpula del Estado turco»


VHace ya veinte años que los líderes europeos recibieron al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y están acostumbrados a sus arrebatos oratorios y sus expediciones militares. Pero ahora una hipótesis que durante mucho tiempo se consideró remota, la elección de Kemal Kiliçdaroglu, líder de la oposición, ahora es plausible, si no probable. ¿Están preparados los líderes europeos para hacer frente a las consecuencias, positivas o problemáticas, de un cambio de régimen de este tipo? Pensamientos hipotéticos.

Es fácil imaginar la reacción de la mayoría alrededor de la mesa del Consejo Europeo, a saber, un suspiro audible de relajación. Más picas sobre los cancilleres alemanes calificados como «nazis»líderes holandeses de «Restos nazis» o insultos dirigidos a un presidente francés. Más esencial, la liberación de los presos de conciencia, el camino trazado hacia un rápido retorno al estado de derecho, la restauración necesariamente más prolongada de un sistema de democracia parlamentaria, la reorganización de un sistema de justicia hasta ahora muy politizado, el florecimiento de una prensa nuevamente libre sería motivo de satisfacción para los líderes políticos europeos y, factor no menor, para los inversores revelados.

La consecuencia tangible de tal cambio de tono sería la reanudación de un diálogo multifacético, actualmente estancado, sobre una amplia gama de temas: política exterior, relaciones comerciales (particularmente en torno a la Unión Aduanera) y financieras, visados, migraciones, medio ambiente temas, autonomía estratégica, comunidad política europea y, por qué no, industria de defensa. Claramente, el respeto y la confianza estarían de vuelta.

La inevitable presión rusa

La otra consecuencia altamente estratégica resultaría de la promesa electoral de la “Mesa de los Seis” –la coalición opositora encabezada por el Sr. Kiliçdaroglu– de un retorno a la diplomacia institucionalizada y una normalización de las relaciones con la UE-OTAN. Se trataría de enmendar la «política de equilibrio» entre la OTAN y Rusia actualmente en funcionamiento, por la que Turquía ha creado una ambigüedad estratégica que solo beneficia a Moscú y no a la paz, al contrario de lo que ocurre en el constante panorama mediático de Ankara.

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Todavía habría que evaluar la implementación de estas intenciones por parte del nuevo presidente. ¿Qué pasaría con el bypass? ¿Sanciones occidentales a Rusia por operaciones industriales en el sector petroquímico turco? ¿Estaban las fuerzas turcas participando en las operaciones defensivas de la OTAN en su flanco oriental, desde Estonia hasta Rumanía? ¿Acabarían con la presencia de misiles S400 rusos en suelo turco, instalados en julio de 2019 en detrimento de la defensa antimisiles de la Alianza Atlántica? Tantos temas de gran sensibilidad, pero portadores de esperanza en un momento en el que están en juego los equilibrios estratégicos del continente europeo.

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Por Sofía Carvajal