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Sesgos algorítmicos y su influencia en las políticas públicas

Qué riesgos tienen los sesgos algorítmicos en decisiones públicas

Los sesgos algorítmicos ocurren cuando sistemas basados en datos y reglas automáticas reproducen o amplifican discriminaciones existentes. Cuando estos sistemas se emplean en decisiones públicas —como justicia penal, salud, empleo, servicios sociales o vigilancia— las consecuencias pueden afectar derechos, recursos y confianza democrática. A continuación se analiza qué son, cómo aparecen, ejemplos documentados, impactos concretos y medidas de mitigación.

En qué consisten los sesgos algorítmicos

Un sesgo algorítmico aparece cuando un sistema o modelo automatizado genera de manera constante resultados diferentes entre diversos colectivos sociales (como sexo, raza, nivel socioeconómico, edad o zona de residencia). Dichas disparidades pueden originarse por múltiples factores:

  • Datos históricos sesgados: archivos administrativos que incorporan decisiones humanas previas con sesgos discriminatorios.
  • Variables proxy: empleo de indicadores que, de forma involuntaria, funcionan como sustitutos de atributos protegidos (por ejemplo, la zona postal utilizada como indicio de raza).
  • Falta de representatividad: conjuntos de entrenamiento que no contemplan suficientes ejemplos procedentes de grupos minoritarios.
  • Objetivos mal definidos: búsqueda de optimizar un indicador concreto (costes, precisión global) sin evaluar la equidad entre distintos colectivos.
  • Retroalimentación y bucles: implementación del sistema que modifica comportamientos y produce datos aún más sesgados, consolidando la desigualdad.

Ejemplos y casos documentados

  • Sistemas de evaluación de riesgo penal: diversas investigaciones académicas y periodísticas han evidenciado que ciertas herramientas diseñadas para anticipar la reincidencia solían marcar con mayor frecuencia a personas negras como de alto riesgo y a personas blancas como de bajo riesgo, pese a que las tasas reales de reincidencia eran comparables, lo que terminaba generando medidas más restrictivas para algunos grupos.
  • Herramientas de selección de personal: varias empresas tecnológicas han decidido abandonar algoritmos de selección después de constatar que perjudicaban currículos asociados a perfiles femeninos, por ejemplo, por la pertenencia a organizaciones de mujeres o por haberse graduado en instituciones con mayoría femenina.
  • Reconocimiento facial y vigilancia: distintos estudios independientes identificaron errores más frecuentes al analizar rostros de mujeres y de personas con tonos de piel más oscuros. En varios países se documentaron detenciones equivocadas derivadas de coincidencias fallidas, lo cual impulsó la imposición de moratorias y vetos locales a su uso por parte de cuerpos de seguridad.
  • Algoritmos sanitarios: algunos análisis revelaron que ciertos modelos utilizados para asignar prioridad en programas de atención intensiva infravaloraban las necesidades de pacientes pertenecientes a minorías cuando incorporaban el gasto sanitario histórico como indicador de necesidad, alejando recursos de quienes realmente los necesitaban.

Efectos y amenazas concretas en la toma de decisiones públicas

  • Discriminación institucionalizada: decisiones automatizadas pueden normalizar trato desigual en acceso a justicia, salud o empleo.
  • Pérdida de derechos y libertades: falsos positivos en vigilancia o riesgo penal pueden traducirse en detenciones, restricciones o estigmatización indebida.
  • Desigualdad en asignación de recursos: sesgos en modelos que asignan servicios sociales o sanitarios pueden privar a comunidades vulnerables de apoyos esenciales.
  • Erosión de la confianza pública: opacidad y errores sistemáticos minan la legitimidad de instituciones que delegan decisiones a algoritmos.
  • Retroalimentación negativa: más vigilancia o sanciones en un barrio generan más datos de delitos, lo que refuerza el modelo y perpetúa la sobreexposición de esa comunidad.
  • Costes económicos y legales: demandas, compensaciones y revisiones de políticas suponen gastos públicos y retrasos en servicios.

Maneras de identificar y evaluar los sesgos

La detección exige análisis desagregado por grupos relevantes y métricas de equidad además de medidas globales de rendimiento. Entre prácticas útiles:

  • Desagregación de resultados: comparar tasas de falsos positivos, falsos negativos, sensibilidad y especificidad por grupo.
  • Pruebas de impacto: simulaciones que muestran cómo cambia la distribución de beneficios y cargas antes y después del despliegue.
  • Auditorías independientes: revisión externa del código, datos y decisiones para identificar proxies discriminatorios y errores metodológicos.
  • Evaluaciones de robustez: tests con datos sintéticos y datos de poblaciones subrepresentadas.

Estrategias para mitigar los riesgos

  • Transparencia y documentación: difundir una descripción clara de los datos, los propósitos, las limitaciones y las métricas de equidad, además de dejar constancia de las decisiones de diseño.
  • Evaluación de impacto algorítmico: requerir análisis formales previos al despliegue en áreas delicadas que valoren riesgos y estrategias de mitigación.
  • Participación y gobernanza: integrar en el proceso a las comunidades implicadas, a entidades de derechos humanos y a especialistas de distintos ámbitos para colaborar en el diseño y la supervisión.
  • Datos representativos y limpieza: ampliar la diversidad y calidad de los datos y suprimir proxies que puedan perpetuar sesgos discriminatorios.
  • Supervisión humana significativa: asegurar que exista intervención humana en decisiones finales de alto riesgo y preparar a los responsables para identificar fallos.
  • Auditorías periódicas: aplicar revisiones externas de forma constante con el fin de encontrar deterioros del modelo y consecuencias imprevistas.
  • Límites de uso: vetar o limitar la utilización de algoritmos en resoluciones irreversibles o de gran trascendencia cuando no haya garantías firmes de equidad.

Sugerencias destinadas a las políticas públicas

  • Marco regulatorio claro: definir con precisión obligaciones de transparencia, establecer derechos de explicación y fijar normas de responsabilidad para las entidades públicas que recurran al uso de algoritmos.
  • Protocolos de prueba antes del despliegue: realizar pilotos supervisados junto con evaluaciones que valoren impactos sociales y de derechos humanos.
  • Creación de unidades de auditoría pública: conformar equipos técnicos independientes encargados de examinar modelos, datos y decisiones, y de divulgar resultados comprensibles para la población.
  • Acceso a recursos y reparación: habilitar mecanismos que permitan a las personas afectadas pedir una revisión humana y obtener medidas de reparación cuando exista un perjuicio.
  • Capacitación y alfabetización digital: preparar a funcionarios y ciudadanía para reconocer las limitaciones y riesgos asociados a la inteligencia artificial y al aprendizaje automático.

Los sesgos algorítmicos presentes en decisiones públicas no se reducen a simples fallos técnicos, sino que también expresan y pueden intensificar desigualdades sociales existentes. Su riesgo proviene de la escala en la que operan y de la apariencia de neutralidad que da respaldo a decisiones que, en realidad, podrían reproducir prejuicios históricos o errores en los modelos. Para enfrentarlos de manera eficaz, se requiere una combinación de salvaguardas técnicas, como datos más sólidos, auditorías y métricas de equidad, junto con marcos éticos y legales que demanden transparencia, participación ciudadana y responsabilidad. Solo mediante este equilibrio la automatización puede actuar en favor del interés público sin vulnerar derechos ni ampliar brechas sociales, manteniendo a las personas y la rendición de cuentas como eje de la toma de decisiones.

Por Sofía Carvajal