PAGPara apoyar con dignidad a los frágiles, los ancianos o los discapacitados, debemos atraer colectivamente a cientos de miles de profesionales durante los próximos cinco años.
La formación es una buena vía para conseguirlo, porque es el primer paso visible para plantearse ejercer una profesión de ayuda o cuidado. Crear un curso sencillo que refleje la realidad vivida en el día a día y motivar en el curso largo adaptado en teoría básica Sin embargo, con cerca de sesenta diplomados diferentes en el sector, todavía estamos muy lejos de ello.
La construcción actual del sector, con una clara delimitación entre el sector de “cuidar” y el de cuidar, no facilita la reflexión. Aquí tenemos una cita con la historia.
Durante varias décadas, estos dos sectores han estado desarticulados y desde entonces han ignorado su promiscuidad hasta el punto de hacer la vista gorda ante numerosos cambios en las tareas diarias que no aseguran ni a los profesionales ni a las personas frágiles. Debemos ponerle fin y abolir estas reservas.
Reducir el alcance de los diplomas
Porque existe una solución, y se está convirtiendo cada vez más en la respuesta lógica a los escollos actuales: consiste en reducir el alcance de los diplomas y destacar un aumento en las competencias claras, con tres niveles de cualificación repartidos en varios años.
El primer nivel sería un curso breve de formación para «poner el pie en el estribo», que permita obtener un diploma de Estado inspirado en los títulos existentes – formación para auxiliares de cuidados gerontológicos (SSG), asistente de vida familiar (ADVF), etc. – y que designaremos “compañero cariñoso”. Esto evitará la contratación de personal no capacitado, que cada vez es más frecuente.
El segundo nivel correspondió a la fusión de los diplomas de auxiliar de vida y auxiliar de enfermería: favoreció el cruce entre “cuidar” y cuidar.
Tercer paso, el diploma de enfermería, ahora bien definido. En definitiva, tres niveles claros, que podemos adelantar muy pronto para comprometernos a largo plazo.
Vayamos aún más lejos volviendo al hecho de que el primer punto común que debe surgir entre todas estas profesiones debe ser su dimensión humana, porque son coherentes ante todo en ayudar a todos a conservar o recuperar su autonomía. De lo contrario, crear un vínculo está en el corazón de cada profesión y los gestos técnicos, si por supuesto son diferentes, constituyendo una oportunidad para crear este vínculo singular, tan esencial para la persona que se ayuda.
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