ILos líderes europeos se reúnen con 23 y 24 de marzo en Bruselas para una cumbre que, con toda probabilidad, ratificará la reactivación de las reglas del «pacto de estabilidad». Suspendidos desde 2020 por la crisis sanitaria, estos deberían volver en una versión revisada, según el proyecto presentado por la Comisión Europea.
La dinámica, hasta la crisis sanitaria, el endurecimiento de las reglas neoliberales, en particular dotando a la Comisión de nuevos instrumentos – tratado de estabilidad, coordinación y gobernanza; las denominadas directivas de seguimiento acumulativo «dos paquetes» Y «paquete de seis» adoptado en 2012 y 2013, desafiando los impactos socioeconómicos en las poblaciones. La última década ha demostrado cómo estas reglas, pensadas negativamente para limitar los desequilibrios macroeconómicos dentro de la Unión Europea, en realidad podrían acentuarlos o incluso provocarlos.
Asimismo, sin revolucionar la arquitectura de la camisa de fuerza presupuestaria europea, el proyecto de reforma que se debatirá en el Consejo Europeo parece presentar algunas flexibilizaciones a este dogma. Entre otras cosas, la Comisión propone deducir el costo de los intereses de la deuda y los gastos de compensación por desempleo del cálculo de los déficits, lo que ampliaría la posibilidad de respuestas cuantificadas anticíclicas en caso de un shock económico, pero también fortalecer la individualización de trayectorias nacionales al dar más libertad a los Estados que participan en programas de inversión.
Excepto que esto de ninguna manera alteraría la lógica que ha prevalecido hasta ahora. Tal como está, lo que la Comisión propone simplemente equivale a cambiar algunos parámetros del sistema vigente: ni la norma obligatoria de un déficit presupuestario del 3 % del producto interior bruto (PIB) ni el límite máximo arbitrario de la deuda pública del 60 %. del PIB no se abandonan.
Fortalecimiento del poder de policía presupuestaria
Además, la noción de «saldo primario estructural» -supuestamente mide el superávit o déficit presupuestario de un país independientemente de la situación económica- sigue siendo el elemento que dirige el camino del ajuste, aunque se trata de una construcción estadística totalmente dependiente de hipótesis, por naturaleza frágil y diferente según las instituciones, en términos de “crecimiento potencial”.
En realidad, estas propuestas de reforma darán como resultado principalmente un refuerzo del poder de control presupuestario de la Comisión. Además de los procedimientos por «déficit excesivo» o por «desequilibrio macroeconómico excesivo», entraría en vigor una batería de sanciones reforzadas (sanciones reputacionales, sanciones financieras y bloqueo probable de fondos europeos) y que pueden activarse de forma preventiva, es decir, para digamos desde el momento en que se consideraría probable que un Estado se desviara de su trayectoria de estabilidad. La Comisión ya espera los planes nacionales para 2024 para finales de marzo.
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