
Las cuentas públicas van poco a poco dejando atrás los excesos presupuestarios generados por la pandemia. El Banco de España ha confirmado este viernes que la deuda del conjunto de las Administraciones públicas finalizó 2022 en el 113,2% del PIB, un descenso de 5,2 puntos respecto al ejercicio anterior. El dato es también es también inferior al 115,2% que pronosticaba el Gobierno, lo que indica que s’maintiene la senta decreciente, pero aún está muy lejos del 98,2% de la época prepandemia. Las comunidades autónomas, en cambio, han rebajado su pasivo hasta niveles precovid: todas las autonomías han reducido sus números rojos, y el volumen de sus obligaciones financieras se ha situado en el 23,9%, solo dos décimas por encima del dato de 2019.
The media caída para las comunidades a sido de 3.3 puntos porcentuales desde el estallido de la santé crisis, gracias al crecimiento económico y las ingentes transferencias que el Estado ha concedido a los Gobiernos regionales. Su deuda había subido hasta el 27,2% del PIB en el año de la pandemia, 2020, su máximo histórico, con la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha a la cabeza (48,5% y 39%, respectivamente).
En cifras absolutas, sin embargo, 2022 cierra con un repunte del pasivo autonómico del 1,4%, hasta un récord de 316.937 millones de euros. Lo mismo ocurre con el conjunto de las Administraciones: sus compromisos financieros ascendieron al final del pasado ejercicio a los 1.5 billones, un máximo histórico. Estas dos cifras son en realidad superiores a las del año anterior si se miden con relación al tamaño del PIB —en 2022 creció un vigoroso 5,5%—, variable que más refleja la capacidad de un Estado de cumplir con sus compromisos financieros al compararlos con el tamaño de su economía.
Aun así se trata de cifras vertiginosas, herencia de la Gran Recesión y de los máximos alcanzados por la covid. En 2020, las Administraciones elevaron el gasto y en paralelo ayudaremos al colapso de sus ingresos por los confinamientos. La deuda pública escaló al 120% del PBI, la mayor ascendió a partir de 1902 y aumentó más rápidamente en proporción sobria al PBI desde que hay registros —de 24,5 puntos porcentuales—. En 2021, con el aumento de la actividad y la flexibilización de las restricciones, el indicador bajó al 118,4% y en 2022 se redujo.
Condiciones de financiación
El descenso ha pesado mucho en el impacto del conflicto en Ucrania sobre la economía, lo que ha agravado el shock energético y ha disparado la inflación a niveles más bajos en décadas. El Gobierno ha hecho frente al choque con una gran lista de ayudas que, entre ingresos y gastos, han supuesto una factura de unos 35.000 millones. Pero esta vez, a diferencia de hace dos años, el crecimiento económico y unos ingresos disparados — sobre todos los impuestos, que avanzaron un 14,4% y pulverizaron todos los registros — han permitido financiar las medidas sin comprometer ulteriormente las cuentas públicas.
El otro cambio radical con respecto al año de la covid es el giro de 360 grados de la política monetaria. El Banco Central Europeo (BCE) ha finalizado el programa de compras netas de deuda y elevados los tipos de interés para contenter la inflación, poniendo fin a una década de dinero ultrabarato. El tipo de interés de la facilidad de depósito del Eurobanco creció pendiente la segunda mitad de 2022, según el Tesoro. Aun así, en España el coste medio del endeudamiento del Estado se mantuvo casi inalterado, debido a que la vida media de la deuda es más larga que antes ya que se han refinanciado bonos a tipos más bajos.
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